4 de febrero de 2008

Visita a la Catedral (y 2)

En cuanto la perdí de vista tras el primer recodo comencé a escuchar sus zancadas hacia arriba. Tranquila, es una broma muy común, pensé, dejarle a uno solo en un sitio misterioso. Lo malo es que la risa que llegaba acompañando a sus pasos no me ayudaba a tranquilizarme en absoluto, algo andaba mal, muy mal. Tiré el pañuelo y empecé a correr todo lo rápido que me permitían las piernas porque la creí capaz de hacer cualquier cosa perversa, en realidad siempre la había creído capaz y ahora me daba cuenta, demasiado tarde. Seguía oyendo sus carcajadas, me llevaba demasiada ventaja, si lo que se proponía era dejarme encerrada lo conseguiría. Antes de llegar a la zona a oscuras ya estaba bastante asustada, pero cuando me paré al principio de la escalera jadeando y vi desaparecer su trenca negra justo antes de cerrarse con violencia la puerta por la que habíamos llegado, me quedé literalmente paralizada. Escuché sus palabras como en una pesadilla, me decía, desde el otro lado, que estaba pasando una cadena y cerrándola con un candado que allí había. Aquello era increíble. No sé como llegué a la puerta cerrada para comprobar que efectivamente no podía abrirla. Forcejeé en vano. Le dije que se dejara de sustos que ya había conseguido hacerme pasar un mal rato, grité su nombre y pedí socorro intentando que me oyeran turistas o guardas. No obtuve respuesta ni de una ni de otros. Comprobé entonces la cobertura de teléfono: Cero, nada, los muros de la antigua edificación eran demasiado gruesos. Me encontraba totalmente ATRAPADA.

Estaba maldiciéndola y maldiciéndome a mí misma por ser tan estúpida como para confiar en alguien tan malévolo cuando volví a escuchar esa risa ominosa. Así que no se había marchado, seguía junto a la puerta. Las instrucciones fueron claras y escuetas: Debía volver abajo y esperar. Creo que la llamé de todo. No me sirvió de nada. El eco de esos largos pasos decididos que conocía tan bien se perdieron por la galería hasta que volvió el silencio. A estas alturas la broma me parecía de muy mal gusto pero no tenía más opción que obedecer. Era muy distinto volver a hacerlo sola, lo pasé realmente mal, eso sin contar que empezaba a oscurecer y la maldita escalera se sumía en la penumbra poco a poco. Hubiera matado por una pequeña linterna.
Acabé de nuevo frente a las dos viejas puertas cerradas. ¿Y ahora qué? Me pregunté. Esperé largo rato, me pareció una eternidad. Silencio, ya ni los sonidos de palomas me acompañaban. Por fin algo se movía tras la mayor de las puertas, pude distinguir una silueta perfilándose en la ventanita de cristal traslúcido de la misma. Antes de que pudiera pensar en volver a subir para no ser descubierta, seguido de un clic metálico se abrió la ventana y apareció la cara expectante de ella, respiraba deprisa y su sonrisa era TRIUNFAL.

- ¿Has pasado mucho miedo? Yo he tardado más porque efectivamente tu camino era un atajo. Además me ha costado encontrar las llaves que necesitaba.

La miré sin comprender. Observé la habitación detrás de ella. Era una de las capillas situadas en los laterales de la catedral. Recordé la explicación que nos dio una guía el día anterior. Esas capillas permanecían cerradas con barrotes porque eran de propiedad privada, sólo las pisaban los nobles y pudientes y con frecuencia las usaban como sepulcros. Ella pareció seguir el hilo de mis pensamientos porque agregó:

- Ya ves, es una de las capillas, abrirla fue fácil y yo ya conocía el pasadizo que conducía hasta aquí. También sé lo que hay tras la otra puerta, la que tienes al lado. Lo nuevo es que ahora tengo la llave que la abre.
- Me importa poco esa llave, la que espero que tengas es la de mi puerta. ¡Sácame de aquí inmediatamente!
- Oh venga, ya has llegado hasta aquí. Lo que tienes al lado es lo que imaginas: El pudridero, donde dejan los cuerpos de los difuntos de la familia de turno hasta que son enterrados en la capilla. Echaremos un vistazo, tengo una linterna.

De ningún modo iba a entrar ahí, yo ya había tenido suficiente por ese día, y sobretodo no me fiaba de ella, ¿quién sabe que nuevas trampas me tendería? Aunque intentó convencerme de mil formas, al final simplemente me abrió, colgó las llaves y salí pitando al exterior. El aire helado de las calles era una bendición. Me siguió, no quiso entrar sin mí. Eso me hizo convencerme aún más de que algo había preparado. Todo indicaba que ya había estado en ese lugar y lo conocía bien.
Como ella dice, está bien tener un compañero de aventuras. Y aunque no sé si es divertido que sea sólo yo la que se asusta… Estoy deseando ver en que lío nos metemos la PRÓXIMA VEZ.

En fin, no se sabe nunca con quien anda uno. En realidad logró llegar a la puerta del candado antes de que yo pudiera echarlo. Creo que esa trenca negra no me deja moverme rápido. Pero ¿qué habría pasado si lo consigo?

21 comentarios:

  1. Eso me pregunto yo, ¿que habría pasado? y casi creo que tengo la respuesta ;)

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  2. No digas casi, no dudes ni un momento que tienes esa respuesta.

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  3. Creo que la respuesta requiere otra entrada, una entrada irreal, ficticia, haciéndonos imaginar lo que hubiera ocurrido. Así te podremos conocer más.

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  4. Conclusión:
    Tú ya no me ves mas por una catedral!
    :-P
    ;-)

    Besos!

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  5. Abismo alguien siempre me dice que a través de los blogs no se conoce a la gente de verdad, que todo es fachada, todo ficción, una mentira. Yo le digo que no estoy de acuerdo, que detrás de las entradas nos desnudamos la mayoría tanto o más que en una conversación íntima. Ya me conoceis muchísimo. Lo que podría haber ocurrido lo cuento en el relato precisamente, o no ;)

    Pero pero Lunitaaa, si ya has llegado hasta aquí mujer... ¿Te entrará el miedo a ti ahora?

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  6. Si alguna vez voy de excursión contigo recuérdame que deje dicho dónde voy a estar.

    Besos.

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  7. Yo dudo que te recuerde eso, tengo mala memoria en ese aspecto.
    Otro que le entra el miedito...

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  8. Creo que a una aventura como la de la catedral no habría quien se resistiese, Cyllan. Me hizo gracia lo de spoiler.

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  9. No has pensado en dedicarte a la novela corta? tal vez cuentos infantiles? Eres una gran cuentista (en el buen sentido de la palabra)
    Pienso que para tí el blog es otra forma de expresión, donde aflora tu alter ego vestido de Cyllan, para relatar todo aquello que nos daría pudor que supieran de nosotros mismos. Lo celebro. Muchos besos

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  10. yo casi muero cuando fui a ver las murallas de Cartagena Col. y me quede encerrado en un calabozo!!!.... sentía qye las paredes se cerraban!....
    en fin...las puertas de salida y de escape me gustan bien iluminadas
    Saludos desde mi lejana galaxia

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  11. -- Abismo
    Seee, sin duda hay muchos aventureros y juguetones por aquí.

    -- Juanjo
    Hey señor más que cocinillas :P
    La cuentista vestida de Cyllan. Muy bueno eso :)
    Supongo que tienes razón en todo lo que has dicho. Y aún hay más pudor con los chicos. Por alguna razón, con las chicas me cuesta mucho menos. Pero esto lo lee todo el mundo...
    Que chulo es tu perfil por cierto, y tu avatar mmm para comérselo. Majete y punto ajajaja.
    Muchos besos más.

    -- Dark
    Pues esos ambientes opresivos e incluso ominosos a mí me encantan. Pero quizá es por lo que luego siente uno cuando escapa al exterior, al aire y a la luz.
    Saludos disparados.

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  12. Vaya con la compañera de aventuras que te has echado encima... esa bromita de dejarte encerrada en un lugar así... y luego querer que la acompañes a las criptas... ni en sueños, un poquitín extraña tu amiga.
    La próxima como dice el refrán "mejor sola que mal acompañada", con ese espiritú aventurero que teneís esta bien, pero tomando todas las precauciones del caso eh?...

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  13. Gracias por acompañarme en mis naufragios..veo que esto es el capitulo 2, tengo que ponerme al día.
    Un abrazo, compañera de travesías.

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  14. Pues sí, sí: menuda bromita. Hay que ver cómo te las gastas, maja. A mí me da algo si me haces eso. ;)
    Besotes.

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  15. Rositaaaa ¿?, vuelve a leerlo please. ¡Y yo no soy extraña! Jajaja :P

    Virtuoso es un gran placer acompañarte, me llega mucho, no sé por que (bueno sí que lo sé) lo que sueles contar.

    Pero Leo que miedica, me recordaste al león del cuento del mago de Oz. Necesitas seguir el camino de baldosas amarillas hasta su castillo. Yo te acompaño como... Mmmm... ¿La mujer de hojalata?? :PP

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  16. ...en fin...con el corazón me tienes...como si hubiera hecho la maratón de San Silvestre...por Dios...¡qué "suspens"!...y encima...sin saber lo que hubiera pasado...anda, escribe pronto para que salga de este "sinvivir".
    Buenas tardes

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  17. Dulce Cyllan, gracias por tu afectuosa observación.
    Besos

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  18. ¿San Silvestre? Estás muy cerca... Esta vez te cazé.
    Y en cuanto a lo que hubiera pasado si consigo atrancar la puerta, ya lo escribo ahí, es una de las posibilidades de las muchas que había.
    Gracias por esa sonrisa a lo gato de Cheshire :D

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  19. Bello escrito te sigo gracias por la visita

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  20. Es un honor que me sigas.

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  21. Si puedes, pasate por mi blog, he dejado algo allí

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